Bodie. Pedaleando entre Fantasmas
Fotos: Winnie Creason y Manuel Maqueda
Bodie. Pedaleando entre Fantasmas.
Jeremiah Brown llegó a Bodie en el verano de 1878 procedente de Carlson City. En aquellos días, la diligencia tardaba casi cuatro días en realizar este recorrido.
La aventura de Jeremiah Brown
Ocho meses antes, Jeremiah había desembarcado en San Francisco, dejando atrás años de duro trabajo en un barco ballenero. Con sus ahorros, compró pico, pala, cedazo, artesa, palangana y otros útiles propios del buscador de oro. En Battery Street, adquirió unas botas de cuero y unos recios pantalones con peto que un tal Levi Strauss elaboraba con lona de color azul.
Por las tardes, Jeremiah acudía a las tabernas de Embarcadero Street, el mejor lugar para enterarse de las noticias que llegaban de los yacimientos de oro de la Sierra Nevada de California. Un día, el azar quiso que entablase conversación con un sobrino de Silas Smith, el propietario del almacén general de un remoto pueblo recién fundado y llamado Bodie. Tras tomar unos vasos de burbon con su nuevo amigo, Jeremiah pudo averiguar que la Standard Mining Company estaba extrayendo cantidades prodigiosas de mineral áureo. Jeremiah sabía que la noticia correría como la pólvora y, sin dudarlo, agarró su hatillo y se puso camino de Bodie.
Efectivamente, en junio de 1878, al poco de llegar Jeremiah, estalló la fiebre del oro en Bodie. La población se duplicó en escasos meses y aquel remoto rincón del planeta apareció, de pronto, en los mapas. Las acciones de las minas pasaron de 50 céntimos a 50 dólares en las primeras 48 horas de cotización.
Jeremiah comprendió que sería más fácil enriquecerse en el comercio que en la mina y se puso a trabajar como empleado de Silas Smith. Por aquel almacén general pasaron muchos inventos modernos que intentaban captar la atención y el dinero de los nuevos ricos del pueblo. El prototipo de ducha que presentaron Gilson & Barber causó sensación. Pero lo que de verdad cautivó a Jeremiah fue un invento de dos ruedas llamado velocípedo.
La muerte de Jermiah Brown
Jeremiah Brown murió de un tiro por la espalda a manos del vil Washoe Pete en una de las muchas refriegas que plagaron la corta pero turbulenta historia de Bodie. Douglas Thomson, el herrero del pueblo y buen amigo del difunto Jeremiah, hizo un pequeño velocípedo de hierro forjado y lo colocó sobre su tumba.
Agotado el oro, el último habitante de Bodie desapareció en 1940. Gracias al prodigioso aislamiento natural de este pueblo, y a su declaración de monumento nacional, se ha podido conservar exactamente tal y cómo fue, completamente fosilizado en el tiempo.

En verano, las hordas de turistas avanzan sobre Bodie armados con sus videocámaras. Sin embargo, en invierno, las ventiscas dejan al pueblo incomunicado durante meses. En primavera, la carretera permanece cortada a los coches, pero con bicicletas de montaña se puede rodear fácilmente la cancela por una pista de tierra, lo que permite visitar Bodie en completa soledad, combinando mountain bike con un viaje fantástico en el tiempo.
Memorias de pastores vascos.
El pueblo fantasma de Bodie se encuentra ubicado en California, al este de la Sierra Nevada y al norte del imponente Mono Lake. Esta zona, remota y despoblada, es uno de esos rincones desconocidos pero bellísimos que esconde el oeste de Estados Unidos.
Si bien por esta región no abundan los senderos ideales para el mountain bike, existe una gran red de pistas forestales que permiten pedalear por lugares completamente salvajes.
Bridgeport es un pueblo encantador que ofrece una base ideal para excursiones al pueblo fantasma de Bodie y a las sierras circundantes. Las yermas serranías que rodean Bridgeport y Bodie están salpicadas de bosquecillos de abedul en cuyas cortezas encontramos antiguas inscripciones en español y eusquera. Buscarlas y descubrirlas es uno de los alicientes de las rutas en bici.
Estos grafitos fueron realizados por pastores vascos, quienes fueron traídos hasta aquí en la primera mitad del siglo XX por empresarios ovejeros de Nevada para que cuidasen de sus rebaños.
La mayoría de las inscripciones sólo contienen nombres y fechas, pero algunas contienen frases que hablan de la soledad de la vida del pastor o se quejan de los ataques de pumas y lobos.
La ganadería ovina sigue siendo muy importante en este lugar, pero los vascos o bien regresaron a España, o se afincaron en Carlson City y otros pueblos del sur de Nevada. Hoy en día, los pastores que cuidan de las ovejas son peruanos.
En velocípedo por Bodie.
Tras un pedaleo por pistas de montaña desiertas hemos llegado a Bodie en nuestras bicicletas de doble suspensión, biznietas lejanas de aquel velocípedo de hierro que conmocionara al pueblo y que hiciera volar la imaginación de Jeremiah Brown.
El pueblo fantasma duerme bajo una capa de nieve. Apenas algunas calles del centro se han despojado de su manto blanco. El barro y la nieve pastosa hacen imposible el pedaleo e invitan a sentarse al sol. El
único sonido que escuchamos es el del viento.
Entramos en algunas casa y nos encontramos antiguas cocinas de carbón, camas desvencijadas, hasta algún viejo reloj con sus manos detenidas en una hora ya muy lejana. La escuela y las tiendas se conservan perfectamente. Pasear por Bodie es una experiencia realmente fantasmagórica.
La tumba de Jeremiah Brown yace en algún lugar, escondida por la nieve. Es inútil buscarla: su memoria se ha perdido, como la de tantos otros que vivieron en este pueblo, el cual, en su corta existencia, condensa y simboliza la de nuestra civilización.
En mi mochila llevo un pequeño velocípedo de latón que dejo abandonado en una esquina como ofrenda. También he traído una botella de rioja y un trozo de queso. Antes de dar media vuelta, derramo un poco de vino sobre el lugar donde, según la leyenda, Washoe Pete puso fin, de un balazo, a los sueños de Jeremiah Brown.
Texto:Manuel Maqueda
Fotos: Winnie Creason y Manuel Maqueda
Enlaces:
Bodie: Página oficial.
Bridgeport: alojamiento e informaciones útiles.
Grafitos de pastores vascos.
Libro “Speaking Through the Aspens” sobre los grafitos de pastores vascos.



















un reportaje muy bonito, ojalá hubiera más fotos de mtb, pero las del pueblo son impresionantes
-suso
gracias por compartir este viaje. las fotos y la narración son de gran belleza.
Hola.
Soy vasco y no tenía ni idea de estas inscripciones en los árboles de Nevada. Gracias a tu artículo he buscado más información en internet. También me ha dicho un compañero que que euskal telebista hizo un reportaje hace tiempo sobre esa zona, pero me lo perdí. Buen trabajo, aúpa.
Aitor
hi:
A mi me gustaria andar en bici, ver fantasmas y escuhar el viento. Me encanta como lo escrbiste.
rebe
me ha encantado tu reportaje, he estado en Bodie en el 2004 y creo como tu dcies q es una experiencia fantasmagorica, es alucinante, en el monolake tb estuve, gracias por nombralo
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